El Maestro Eckhart es uno de los guías espirituales más importantes de nuestro tiempo. Durante siglos, sus enseñanzas fueron olvidadas ya que algunas de sus ideas llegaron a ser consideradas heréticas, estigma que le ha acompañado hasta nuestros días. En 1980, eminentes personas firmaron una petición solicitando la promulgación de una declaración oficial de ortodoxia y se anulase la condena de sus enseñanzas. A pesar de que Juan Pablo II le alabó como ejemplo sobresaliente de misticismo reno–flamenco, el Maestro Eckhart no ha sido oficialmente liberado del hecho de que sus enseñanzas fueron consideradas heréticas.
Johannes Eckhart nació en in 1260 en el pueblo de Hochheim cerca de Erfurt en Turingia e ingresó en la Orden Dominicana a la edad de quince años. Como era muy brillante, le enviaron a estudiar primero a Colonia, posiblemente bajo Alberto Magno, y después a París, hacia 1293. A partir de ese momento, sus deberes en la Orden se intercalaron con períodos de estudio y docencia en la Universidad de París. El hecho de que fuese enviado a la Universidad de París en varias ocasiones durante su carrera, honor muy codiciado y poco común, refleja el respeto que sus superiores le tenían. Fue nombrado Vicario de Turingia y Prior de Erfurt. Hacia 1300 estaba de regreso en París, donde obtuvo el título de Master («maestría») en 1302 a la edad de 42 años. A partir de entonces siempre se le conoció por ese título –una clara indicación de la estima general de la que disfrutaba.
Fue elegido para muchos puestos de importancia en el seno de la Orden Dominicana, incluido el de Provincial de Sajonia, y después, Vicario General de Bohemia; esto suponía ser responsable de 47 monasterios y 9 conventos. Hacia 1310 su Orden le envió a ocupar la Cátedra Dominicana de Teología en París, honor que solamente compartió con Tomás de Aquino, de su Orden. En 1324 se convirtió en Maestro Regente del Studium Generale de Colonia, cargo que una vez había ocupado San Alberto Magno.
Además de ser admirado por sus numerosas dotes administrativas e intelectuales, fue admirado también por su espiritualidad y su santidad de vida. Y, sin embargo, al final de su vida fue acusado de herejía. Fue inaudito que un Dominico tan erudito y respetado fuese acusado de herejía al final de una larga vida de estudio, docencia y predicación. Murió antes de poder defenderse oficialmente ante la Inquisición. Pero se sabe que dijo: «Puede que me equivoque, pero no que sea un hereje –pues lo primero tiene que ver con la mente y lo segundo con la voluntad.»
Existen fuertes resonancias entre la enseñanza del Maestro Eckhart, John Main, Evagrio y Casiano. Eckhart está muy en consonancia con la tradición de la teología «apofática» – la via negativa – que también encontramos en La Nube del No–Saber. Una vez más escuchamos el énfasis en el hecho de que no podemos conocer a Dios con nuestra mente racional a través del medio de los pensamientos e imágenes: «Debes percibirlo sin imágenes, sin medio, y sin comparaciones». Las dos únicas cualidades que está dispuesto a atribuir a lo Divino –como expuso en sus Cuestiones Parisinas– son el puro ser –«Ser es la esencia de Dios (…) pues él habita siempre de nuevo en un ahora sin cesar»–, y la consciencia intuitiva «intelligere». Sólo podemos conocer a Dios a través de nuestro «intellectus», nuestra consciencia intuitiva, durante una experiencia espiritual, cuando accedemos a: «conocimiento puramente intuitivo; allí el alma es arrebatada de todas las cosas corporales. Allí escuchamos sin sonido alguno y vemos sin materia…»
Eckhart habla de una experiencia mística que tuvo: «A un hombre le pareció como en un sueño –era un sueño despierto– que se quedaba embarazado de la Nada, como una mujer de un hijo. Y en la Nada nació Dios: fue fruto de la Nada (…). El le ha dado a luz en mi alma.» Necesitamos entender «Nada» aquí como «Ninguna Cosa», lo informe, lo que está vacío de formas, pero pleno de potencial. Añadió además un comentario sobre esta experiencia: «Yo era sólo ser y el conocedor de mí mismo en el disfrute de la verdad». Gran parte de su teología intenta de alguna forma darle sentido a esta experiencia profunda. En verdad representa el enunciado de Evagrio: «Teólogo es el que reza y el que reza es teólogo». Él era contemplativo pero, como hemos visto por su biografía, un contemplativo en la acción.
Al igual que para el autor de La Nube del No–Saber y John Main, «el amor» era la esencia de la relación entre nosotros y Dios: «Nos volvemos completamente a Dios en un amor inquebrantable (…) [y] sea lo que sea lo que Dios obre, el primer estallido es amor»