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Carta 49: La oración es la actividad artística del corazón

Hablando con el Principito sobre el amor y la vida, el Zorro dice:
Y ahora aquí está mi secreto, un secreto muy simple.
Sólo con el corazón se puede ver correctamente;
lo que es esencial es invisible a los ojos.

(Antoine de Saint Exupery – 1900-1944 – El Principito)

Encontramos este énfasis en el corazón de este famoso escritor francés repetido a lo largo de los milenios por los místicos cristianos, pero incluso en el lenguaje ordinario hablamos de «tener un corazón» (ser abierto y compasivo); «hacer algo desde el corazón» (expresar nuestros más profundos sentimientos intuitivos en lo que hacemos) – por nombrar sólo algunas expresiones.

Para los Padres del Desierto la verdadera oración era «la oración del corazón», como muestra la cita de Macario (300- 391 EC) en el título. Fue uno de los más estimados Padres del Desierto y uno de los más importantes maestros de Evagrio y a él también se le atribuye el dicho: «Entrega todas las imágenes mentales… lleva la mente al corazón… el punto de quietud donde Dios y el hombre habitan en una silenciosa auto-entrega y dando amor». Es fácil ver aquí la influencia de los Padres del Desierto en John Main. La tradición ortodoxa griega también se remonta a la enseñanza de los Padres y las Madres del Desierto – con Evagrio muy venerado. Ambas tradiciones enfatizaban la repetición de una frase en la oración – en su caso la «Oración de Jesús». San Gregorio del Sinaí muestra su principio rector: «Recoge tu mente en tu corazón y envía entonces tu grito mental a nuestro Señor Jesús, pidiendo su ayuda y diciendo: ‘Señor Jesucristo ten piedad de mí’». No muy diferente de nuestra tradición de repetir «Maranatha» – llamando a Jesús el Cristo para que venga y nos ayude.

La explicación de la Dra. Shanida Nataraja sobre el efecto de la meditación en el cerebro es relevante aquí: al prestar una atención puntual cambiamos de la percepción de la realidad del hemisferio izquierdo con su pensamiento lógico racional – la mente – a la percepción del hemisferio derecho con su visión intuitiva, empática, inclusiva e interconectada de la realidad – el corazón. Así pasamos de una percepción centrada en el ego a otra centrada en la percepción y el comportamiento. Pero como se dice en la Filocalia «lleva la mente al corazón y déjala allí». Necesitamos ambos hemisferios para ver y «conocer» la totalidad de la realidad.

El corazón es el centro intuitivo de nuestro ser, donde somos conscientes de nuestro verdadero ser y de nuestra relación con Dios, lo que resulta en el amor a Dios, a sí mismo y a los demás.

La Madre Teresa explicó esto maravillosamente: «Dejad que os vacíe y os transforme y después llenad el cáliz de vuestros corazones hasta el borde de manera que vosotros a su vez podáis dar de vuestra abundancia.”

Thomas Merton explica esto de la siguiente manera: «Toda la idea de la compasión se basa en una aguda conciencia de la interdependencia de todos los seres vivos, que son todos parte de los demás y están involucrados unos con otros».

Cuando escuchamos las palabras de los místicos no estamos escuchando una teoría teológica, sino palabras que brotan de su propia experiencia del Amor Divino.

Rumi, el más grande poeta místico de la tradición Sufi, dio al mundo un vistazo de su visión del Amor Divino a través de su poesía: «El santuario en los corazones de los santos, es allí donde todos se inclinan, es allí donde Dios habita» y «Sin amor nadie tiene derecho a entrar en la presencia del Amado».

La misma experiencia se expresa en San Juan: «Dios es amor; quien habita en el amor, habita en Dios y Dios en él» (1 Juan 4:16).

Esta transformación de la mente a la percepción de la realidad del corazón, a la que conduce la meditación/oración, no es un resultado de la meditación ocasional. Esta conciencia de la morada divina del amor crece sólo por la fiel y regular meditación/oración diaria.

Kim Nataraja