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Carta 5: Amistad espiritual

Tal y como hemos visto, para poder actuar desde la «pureza» necesitamos empezar a ser conscientes de nuestras heridas y limitaciones. Afortunadamente, no estamos solos en este esfuerzo. Lo Divino que habita en nuestro interior nos guía y nos ayuda en la sanación de los recuerdos y las heridas que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida, trayéndolos a nuestra conciencia. Para abrirnos a este proceso, entramos en el silencio de la oración profunda a la que conduce la meditación.

A veces lo Divino en nuestro interior necesita algo más que ser nuestros ojos, oídos y manos para facilitarnos este proceso de transformación: «¡Cuán grandes son las necesidades de tus criaturas en esta tierra, oh Dios! Se sientan allí, hablando en voz baja y bastante distraídos y, de repente, su necesidad estalla en toda su desnudez. Luego, quedan allí, como manojos de la miseria humana, desesperados e incapaces de afrontar sus vidas. Y ahí es cuando comienza la propia tarea. Uno debe ... despejar el camino hacia ti, Dios, a través de ellos y para hacerlo debemos ser un juez compasivo del alma humana ... Me embarco en un lento viaje de exploración de todos aquellos que vienen a mí ... Y te agradezco el regalo de poder ser capaz de comprender a los demás». (Etty Hillesum, Una vida interrumpida)

Narrar nuestra historia, nuestra verdad, en un diario, a un terapeuta o a un buen amigo nos ayuda a ser mas conscientes y tiene un efecto curativo. A menudo, la parte suprimida y rechazada de nosotros llega a ser aceptada e integrada en todo nuestro ser. La conciencia es la clave. Estar despierto en la vida nos lleva a realizar todo nuestro potencial y a recordar nuestra verdadera naturaleza.

El énfasis en no juzgar ni a los demás ni a nosotros mismos tiene su base en el amor y en la compasión, tal y como podemos leer en las palabras de Jesús según el evangelio de Mateo 25, 35-41: «Te digo esto: todo lo que hiciste por uno de mis hermanos y hermanas, aquí, por humilde que fuera, lo hiciste por mí». Siempre debemos tener en cuenta lo que John Main también expresó: «Jesús ha enviado a su Espíritu a morar dentro de nosotros, haciéndonos a todos templos de santidad: Dios mismo morando en nosotros». «Entonces sabemos que compartimos la naturaleza de Dios».

No estamos pues separados sino que compartimos el mismo fundamento de nuestro ser: todos somos «hijos de Dios» y todos tenemos el «Reino de Dios» dentro de nosotros: La Presencia de Dios, el Cristo interior. Si hacemos sufrir a otros con nuestro comportamiento dañino, nos lastimamos a nosotros mismos y también a Dios que es la fuerza de interconexión del Amor.

Como John Main siempre enfatizó, la mejor prueba de nuestro progreso en el camino espiritual es la creciente forma en que interactuamos con otros desde el amor. Cuando le preguntaron cómo deberíamos prepararnos para la meditación, él recalcaba: «con muchos actos de bondad». Para ello, también hemos de aceptar de forma compasiva todas nuestras faltas y heridas.

Este mismo vínculo entre Dios y la compasión por los demás lo encontramos también en las enseñanzas de los Padres y Madres del Desierto. El Abba Antonio dijo: «La vida y la muerte dependen de nuestro prójimo. Si ganamos a nuestro hermano, ganamos a Dios. Pero si rechazamos y juzgamos a nuestro hermano, pecamos contra Dios ».

Evagrio enfatizó esta misma idea en varias de las frases que aparecen en su libro Sobre la oración:

Feliz es el monje que ve el bienestar y el progreso de todos los hombres con tanta alegría como si fueran los suyos.

Feliz es el monje que considera a todos los hombres como a Dios. Un monje es un hombre que se considera uno con todos los hombres porque se ve constantemente en cada uno de ellos.

Permítanme terminar con el hermoso dicho de John Main: «Solo cuando vivimos en y desde el amor sabemos que la armonía milagrosa y la integración de todo nuestro ser nos hace completamente humanos». (El Cristo Interior, John Main)