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Carta 7: El florecimiento de la tradición mística en el desierto

Como hemos visto en lecturas anteriores, cuando el emperador Constantino convirtió el cristianismo en la religión del Imperio, muchos cristianos optaron por retirarse al desierto para volver a una forma más pura y sencilla de seguir las enseñanzas de Jesús. La vida de Antonio que escribió en copto Atanasio, obispo de Alejandría, también animó a los cristianos coptos a trasladarse al desierto.

Atanasio escribió: «Las palabras de Antonio persuadieron a muchos a elegir una vida solitaria. Y así, a partir de entonces, hubo monasterios en las montañas y el desierto se convirtió en una ciudad de monjes». El término «monasterio» en realidad solo significaba un conjunto de viviendas. La palabra griega «mone» significaba vivienda o alojamiento. Pasado un tiempo, los cristianos con mejor educación, y muy influenciados por Orígenes, se unieron a estos primeros cristianos coptos, como fueron Evagrio y Juan Casiano.

La influencia de «La vida de Antonio» fue muy significativa. Sin embargo, Antonio no inventó la vida ascética sino que la aprendió de los recluidos que visitó al comienzo de su viaje. Las persecuciones, las exigencias de los impuestos romanos y la evasión del servicio militar obligatorio habían llevado a muchos al desierto. Según la tradición, el primer anacoreta cristiano fue en realidad Pablo de Tebas, quien se mudó al desierto durante las persecuciones bajo el emperador Decio, a principios del siglo III. Hay una historia de Antonio cuando visita a Pablo de Tebas que dice: Un cuervo llevaba a Pablo su pan todos los días. ¡El día que Antonio le visitó, el cuervo tomó el suficiente pan para dos personas!

Atanasio tuvo una tormentosa carrera como obispo de Alejandría. Fue depuesto y reincorporado varias veces durante el período 327 a 373 ya que estaba muy involucrado en la política de la Iglesia. El dogma cristiano fue producto de muchos debates y fuertes discusiones intercristianas, durante el tiempo previo al Concilio de Nicea (324) y en las décadas que siguieron. Atanasio jugó un papel importante en el Concilio, en el que Constantino aprobó la forma más simple del cristianismo que Atanasio, entre otros, predicó, y que se estaba convirtiendo cada vez más en la corriente principal en la Iglesia oficial del Imperio.

Atanasio presenta la vida solitaria en La vida de Antonio como un camino de arrepentimiento y de lucha con los demonios, con las fuerzas del mal. En su opinión, la humanidad era básicamente pecaminosa. Mediante esta «guerra», el alma puede prepararse para la intervención de la gracia de Dios a través de Cristo. De esa manera, Atanasio atrajo también a los cristianos más humildes que no habían recibido ninguna educación.

Es interesante ver cuán similares son los pensamientos de Antonio a los de los monjes origenistas cuando leemos las Cartas de Orígenes en lugar de La vida de Antonio. Aquí tenemos claros indicios de que Antonio no solo estaba familiarizado con el idioma y el pensamiento griego sino que además aceptaba algunas de las ideas de Orígenes. Destacó, por ejemplo, la importancia de conocernos a nosotros mismos como esencialmente buenos, no pecaminosos; alentó a sus lectores a considerar que fueron creados a imagen de Dios y, por lo tanto, podían confiar en la gracia de Dios. Puso énfasis en las ideas provenientes de la lectura de las Escrituras, el lugar de encuentro con Cristo, que conducirían a la transformación en el proceso de preparación para la venida de la gracia de Dios. Tambien vio el ascetismo como una forma de restaurar el cuerpo a su estado natural en lugar de castigarlo por sus pecados y escapar de él.

A fines del siglo IV, había 30.000 hombres y mujeres viviendo en los desiertos del Bajo y Alto Egipto. Los sitios más famosos del Bajo Egipto fueron Nitria, Kellia y Escete. El mismo Antonio vivía entonces en el desierto. A menudo se ha ignorado que había grupos tanto de hombres como de mujeres. De hecho, la mitad de los ermitaños del desierto eran mujeres. En cierto modo, fueron más valientes que sus compañeros, puesto que tuvieron que enfrentarse a los convencionalismos sociales y a su falta de derechos. Algunas de ellas eran prostitutas redimidas, otras provenían de familias adineradas y vivían como vírgenes, dedicadas a las tierras familiares, y algunas otras eran las esposas de hombres también ascetas.

Las Madres del Desierto más famosas fueron Amma Sinclética y Amma Teodora. Amma Sinclética era una joven rica y bien educada que, junto a su hermana ciega, se mudó a la tumba familiar a las afueras de Alejandría para consagrar su vida a Dios. Amma Teodora era la esposa de un orador que tomó la vida eremita y vivió en la pobreza extrema. Ellas dos y algunas otras mujeres fueron muy influyentes y eran consultadas por muchos monjes. Sus vidas debieron ser muy duras y difíciles pero los líderes cristianos de su época las apoyaron: «La mujer está hecha, como el hombre, a imagen de Dios. Ambos sexos tienen el mismo valor. Sus virtudes son iguales, sus luchas son iguales... ¿Podría entonces, un hombre competir con una mujer que vive su vida al máximo?» (Gregorio de Nisa).

Imagen: Primavera en Bonnevaux, 22 de marzo