En su énfasis en la primacía del amor, tanto John Main como el autor (anónimo del siglo XIV) de La Nube del No-Saber siguen la enseñanza de Jesús en los Evangelios sinópticos: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente».
Sólo el amor puede llevarnos a la Presencia Divina. La Nube del No-Saber lo dice de la siguiente manera: «Las criaturas racionales como los hombres o los ángeles poseen dos facultades principales, la del entendimiento y la de amar. Nadie puede comprender totalmente al Dios increado con su entendimiento pero todos, cada uno a su modo, pueden conocerle plenamente a través del amor… Algunos probablemente oirán hablar de esto y supondrán que por su esfuerzo e ingenio pueden lograrlo. Es probable pues que fuercen para ello su mente e imaginación tratando de salirse de lo ordinario pero eso será sólo para producir algo falso que no es ni humano ni divino» (La Nube del No-Saber Cap. 4). El único camino es el amor: «Un hombre podría conocer y ponderar todo y cada cosa creada y su modo de funcionar, sí, y todas las obras de Dios, también, pero no a Dios en sí mismo. El pensamiento no puede aprehender a Dios. Y, por tanto, prefiero abandonar todo lo que puedo conocer eligiendo más bien amar a Aquel a quien no puedo conocer» (La Nube del No-Saber Cap. 6).
Una de las dificultades que nos encontramos en el camino espiritual es llegar a alcanzar un cierto estado de paz e imaginamos haberlo logrado por nuestro esfuerzo de repetir el mantra. Entonces dejamos de lado la palabra -el mantra- sintiendo que estorba a la paz y al silencio. Sin embargo, John Main, y muchos místicos como el autor de La Nube del No-Saber, nos advierten de ello señalándolo como una ensoñación producto de una mente «pretenciosa, curiosa o romántica». Aquí el autor de La Nube del No-Saber nos está advirtiendo contra las enseñanzas de Richard Rolle y su énfasis en una oración de éxtasis sensorial.
Lo que necesitamos es la «ciega agitación del amor [brotando] de un corazón sincero y humilde» (La Nube del No-Saber Cap.4). Tenemos que permanecer fieles y humildes aferrados a nuestro ancla de amor, nuestra palabra, y entonces entraremos en el auténtico silencio, paz y amor. No es fácil mantenernos concentrados en la palabra pero es un camino que podremos recorrer por gracia para entrar en la paz de Cristo en nuestro interior, como Jesús nos prometió: «Mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo» (Juan 14, 27).
Dejarse atrás a uno mismo no es una tarea fácil. A nuestro ego, a nuestra mente superficial, le gusta permanecer siendo el centro de nuestra atención con sus deseos y miedos. La Nube del No-Saber nos aconseja: «alza tu corazón al Señor, con una suave agitación de amor deseándolo por sí mismo y no por los bienes que podría proporcionarnos… Y si haces esto, los santos y los ángeles se alegrarán y se apresurarán a ayudarte en ello de todo modo posible – aunque los demonios [nuestros propios deseos egocéntricos] se enfadarán y conspirarán incesantemente para obstaculizarte».
Escuchemos qué dice Evagrio, el maestro de Juan Casiano: «Cuando los demonios ven que eres ferviente en tu oración, sugieren cosas a tu mente, provocándote la impresión de que hay cosas urgentes que requieren tu atención. En poco tiempo te traen el recuerdo de todas esas cosas y mueven tu mente para que vayas tras ellas» (Sobre la oración). ¿No conocemos acaso a estos “demonios”, ese torbellino de pensamientos, deseos e inquietudes interminables que encontramos tan pronto como empezamos a meditar? Por ello necesitamos al mantra como nuestra “coraza” y la ayuda de los ángeles, es decir, de la gracia, para continuar.
John Main advertía: «sed muy conscientes de la importancia y la dificultad de apartar la atención de vosotros mismos», y recordaba que la esencia de la disciplina era la perseverancia, suceda algo o no. Él recordaba que la meditación es un camino de fe porque lo veía en su propia meditación: «debemos dejar atrás nuestro ego antes de que el Otro aparezca y sin la garantía asumida previamente de que el Otro, de hecho, aparecerá» (según cita Laurence Freeman en First Sight).
El autor de La Nube del No-Saber también comenta lo difícil que puede llegar a ser la contemplación. Habla de la frustración de ni saber, ni conocer, ni sentir nada: «Al principio es normal no sentir nada más que una cierta oscuridad alrededor de tu mente o, como se ha dicho, una nube del no-saber. Parecerá que no sabes ni sientes nada más que una desnuda inclinación hacia Dios en lo profundo de tu ser… te sentirás frustrado porque tu mente no podrá captarlo ni tu corazón regocijarse en Su Amor. Pero aprende a sentirte en casa en esta oscuridad. Vuelve a ella tan pronto como puedas, dejando a tu espíritu clamar por Aquel a quien ama» (La Nube del No-Saber Cap. 3). Todo lo que puedes hacer es «golpear esa densa nube del no-saber con el dardo de tu amoroso deseo y no parar, pase lo que pase» (La Nube del No-Saber Cap.6).