Tomás ve a Jesús guiándonos, animándonos a comprender las enseñanzas de sus dichos, pero al mismo tiempo también depositando la responsabilidad de nuestra salvación sobre nuestros hombros. Es por cierto interesante descubrir que la verdadera interpretación de estos dichos es similar a la lectura profundamente atenta que Orígenes hizo de las Escrituras, la cual, de acuerdo a lo que señalaba, llevaba a la oración contemplativa y al mismo tiempo era ayudada por ella. Se consideraba que este compromiso intuitivo y profundo con el texto resultaba en un encuentro con la presencia de Cristo, y por consiguiente llevaría a un verdadero entendimiento espiritual del significado de las Escrituras.
El descubrimiento de quiénes somos realmente y el subsiguiente descubrimiento de la Verdad residen por lo tanto en una combinación de nuestro esfuerzo personal y nuestra responsabilidad personal y la gracia inherente en el ser de Jesús y en sus palabras.
“Jesús dijo: Si les preguntan ‘¿De dónde vienen? díganles, ‘Hemos venido de la luz, del lugar de donde la luz se originó, se estableció y se (les) apareció. Si les preguntan: ‘¿quién eres tú?, contesten: “Somos sus hijos, y somos los elegidos del Padre viviente.”
Por lo tanto, Jesús nos señala en este Evangelio nuestro origen Divino en forma clara, muy directa. Una vez más el énfasis está puesto en que la presencia de Dios, el Reino, está dentro nuestro y además entre nosotros en todo momento.
“Jesús dijo: Si tus líderes te dicen: ‘Mira, el reino está en el cielo’, entonces los pájaros del cielo te precederán. Si te dicen: ‘Está en el mar’, entonces los peces te precederán. Más bien, el Reino está dentro tuyo y fuera de ti.”
Este énfasis en destacar que cada uno de nosotros contiene en su interior la chispa Divina fue una creencia que tenían muchos de los padres de la Iglesia, tales como Clemente de Alejandría y Orígenes. Fue considerada como una doctrina apostólica durante los primeros siglos. John Main es heredero de esta tradición. Lamentaba que el hombre y la mujer moderna “hayan perdido el apoyo de una fe común en su bondad esencial, su razonabilidad y su integridad interior”, y animaba a ser conscientes “del potencial del espíritu humano más que de las limitaciones de la vida humana.”
Pero también fue la creencia en la que basaron sus principios los Gnósticos. Ésta bien puede haber sido la razón por la cual esta visión fue posteriormente desacreditada y suplantada por la interpretación ‘ortodoxa’, que recalcaba que en verdad estábamos hechos a semejanza de Dios, pero que en la ‘caída’ esta ‘imagen’ se había destruido completamente. Sólo por la gracia de Cristo podemos ser salvados. Nosotros solos no podemos hacer nada, lo cual era lo opuesto al mensaje del ‘Evangelio de Tomás’. Es sencillo comprender que el énfasis puesto en el esfuerzo personal y en la comprensión intuitiva, más que en la pura fe en las enseñanzas aceptadas, dejaron al Evangelio de Tomás fuera del canon de las Escrituras ortodoxas aceptadas en el Siglo IV.
Sin embargo, en nuestra época, ha vuelto a lograr aceptación apostólica. John Main combinó en sus enseñanzas la importancia de ambas: la fe y la comprensión intuitiva, la oración común y la oración silenciosa. Sólo por medio de la fe en nuestro origen Divino y en nuestra conexión Divina podemos meditar fielmente y con completa confianza.