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Reflexión sobre el Evangelio del Quinto Domingo de Cuaresma 2026

Desátalo y déjalo ir

La resurrección de Lázaro (Juan 11:1-45)

Mientras escribo esta reflexiónn, estallan fuegos artificiales por el fin del Ramadán aquí en Penang (Malasia). Pronto cantaremos la palabra A y decoraremos los lugares de culto por el fin de los tres días que Jesús pasó en el inframundo de los muertos, ese espacio liminal entre la vida de aquí y la Vida misma. La resurrección de Lázaro nos prepara para los misterios de la Pascua. Es una historia sencillamente compleja cuyos muchos niveles de sentido y paradoja forman una especie de laberinto que debemos recorrer antes de que comience a cobrar sentido.

¿Por qué no fue Jesús directamente a ver a Lázaro, a quien amaba, cuando le dijeron que estaba gravemente enfermo? Amaba a Lázaro y a sus hermanas Marta y María y, sin embargo, al parecer por el texto, esperó esos dos días tan preciados debido a su amor personal por ellos. ¿Qué poder de presencia proyectó Jesús a través de ese tiempo y distancia mientras Lázaro moría? Su demora sólo puede entenderse a la luz de otro tipo de luz que Él llama la gloria de Dios. Cuando dijo que iría, los discípulos lo acompañaron con lealtad pero temían que la conspiración creciente contra él pronto pusiera fin a su vida y a la de ellos. Su llegada a Betania pone de manifiesto las sutilezas íntimas de sus relaciones con sus amigos.

Cuando se abre al duelo de sus amigos y se acerca al sepulcro, queda “conmovido en lo más profundo y turbado”: quizás sea mejor decir abrumado por el dolor y entumecido por el poder de la muerte. “Jesús lloró” lo expresa apenas. Sus cuatro días de vacío y duelo fueron su propia preparación para el poder que la vida ejercería sobre la muerte. En la creencia judía, el espíritu permanecía cerca del cuerpo durante tres días antes de marcharse para siempre. Cuatro días simbolizan un vacío más allá del vacío.

Marta, siempre práctica, le advierte que no abra la cueva-sepultura, pero él ignora su llamada al Padre desde su desolación, tal como pronto lo haría de nuevo colgado y muriendo en la Cruz. A través del extraño paisaje de esta historia, eventos, y poderes, energías divinas y humanas se entrecruzan tejiendo una historia que no podemos leer hasta que nos perdemos y nos encontramos en ella.

¿Qué ocurrió realmente? ¿Qué ocurre realmente en nosotros cuando nos enfrentamos al poder del duelo del amor, que es más fuerte que nuestra propia muerte?

Laurence Freeman

Traducido por WCCM España