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Carta 50: El mensaje especial del evangelio de Tomás

En muchas ocasiones he mencionado que la perseverancia fiel en nuestra disciplina de meditación lleva a una transformación total de nuestra visión de la realidad y altera nuestro comportamiento posterior en consecuencia, de egocéntrico a centrado en el otro.

De todos los Evangelios, el Evangelio de Tomás es el que se focaliza en esta transformación. Originalmente fue considerado como un evangelio «gnóstico”, ya que fue incluido en la jarra de Nag Hammadi – encontrada en 1945 en Egipto – con otros escritos «gnósticos» conocidos. De hecho, estaba vinculado con el Evangelio de Felipe, que todavía se considera «gnóstico». Por esta razón, los cristianos ortodoxos rechazaron de plano el Evangelio de Tomás como «herético”, pero los eruditos ahora sienten que es más «apostólico» de lo que suponían al principio. Elaine Pagels, a quien le debo la mayor parte de la información histórica aquí, ya no considera el Evangelio de Tomás como «gnóstico”, cómo se explora en su libro Más allá de la creencia, ni tampoco el ex arzobispo de Canterbury Rowan Williams.

El Evangelio de Tomás relata dichos de Jesús que formaban parte de la tradición oral de su tiempo. Algunos eruditos sienten por lo tanto que no hubo un autor (o autores) sino un coleccionista y compilador de los dichos más importantes. La mitad de ellos también se encuentran en los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas. No da ningún detalle sobre la vida de Jesús, ni menciona su crucifixión y resurrección. No dice nada sobre la naturaleza de Dios. De esta manera es muy similar a la enseñanza del Buda, que también se concentró en lo que debemos hacer en lugar de lo que debemos creer. El enfoque del Evangelio de Tomás se centra puramente en lo que es necesario para llegar a ser íntegro y consciente de que «el reino de Dios está dentro de ti» y que «eres un hijo o una hija de Dios». Es la ignorancia de este hecho y el enfoque en el plano material con sus necesidades y deseos lo que nos oculta esta verdad.

La fecha en la que estos dichos fueron escritos no está clara, pero se cree que algunos de ellos son anteriores a los evangelios sinópticos. «Aunque no sabemos dónde fue escrito el Evangelio de Tomás, muchos eruditos, señalando nombres asociados con Siria, piensan que se originó allí» y puede haber sido escrito tan temprano como entre el 50 y el 100 DC (Más allá de la creencia).

El Evangelio de Juan fue considerado ‘gnóstico’ en su tiempo y además el Evangelio de Tomás fue más popular; sin embargo, Juan fue incluido y Tomás fue excluido. Elaine Pagels trata de explicar este hecho comparando y contrastando los Evangelios de Juan y Tomás: «Juan probablemente sabía lo que el Evangelio de Tomás enseñaba, si no su texto real… lo que impresionó a los eruditos que compararon estos Evangelios es lo similares que son. Tanto Juan como Tomás, por ejemplo, aparentemente asumen que el lector ya conoce la historia básica que cuentan Marcos y los demás, y cada uno afirma ir más allá de esa historia y revelar lo que Jesús enseñó a sus discípulos en privado… Juan y Tomás dan relatos similares de lo que Jesús enseñó en privado… e identifican a Jesús con la luz divina que surgió «en el principio». Ambos dicen que esta luz primordial conecta a Jesús con el universo entero. Ambos lo caracterizan… como la propia luz de Dios en forma humana» (Más allá de la creencia).

La verdadera diferencia es esta: Juan sugiere que Jesús es único – Dios mismo revelado en forma humana – el «hijo unigénito» de Dios. Pero el Evangelio de Tomás afirma que la luz de Dios brilla no sólo en Jesús, sino como una chispa en todos, ya que todos estamos hechos a imagen de Dios. El Evangelio de Tomás nos anima a «conocer» a Dios intuitivamente escuchando atentamente los 114 dichos de orientación que Jesús da en este Evangelio. Para que crezcamos espiritualmente nos anima a dejar de lado nuestro apego al plano material y al hacerlo, silenciar nuestra ocupada mente racional. Sólo en ese silencio podemos escuchar la «pequeña voz de calma» con nuestra inteligencia intuitiva, nuestro corazón, y la gracia puede entrar y guiar nuestra transformación.

La razón por la que Tomás perdió respecto a Juan es probablemente debido a este énfasis en el esfuerzo personal, que conduce con gracia a la experiencia real de Dios, en lugar de creer solamente. Pero los místicos cristianos a lo largo de los tiempos han recorrido el camino indicado por Tomás y han subrayado que «la imagen de Dios» está dentro de cada uno de nosotros y nos han animado a ser conscientes de su presencia a través de la oración silenciosa. El hecho de que el Evangelio de Tomás fuera excluido del Canon puede explicar por qué la meditación/contemplación se convirtió en el secreto mejor guardado de la cristiandad.

Adaptado de Camino al Corazón – capítulo sobre El Evangelio de Tomás.

Kim Nataraja