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Carta 18: Los sentidos espirituales según San Pablo y Orígenes

Acabamos de ver cómo la experiencia visionaria de San Pablo influyó en gran medida a Orígenes y a otros maestros cristianos primitivos. Las propias experiencias místicas de Orígenes estaban vinculadas a su detallada lectio divina de las Escrituras, en la que conoció a Cristo resucitado.

Orígenes, en su comentario sobre el Cantar de los Cantares, que consideraba el libro que describe la contemplación mística, desarrolla una doctrina de los sentidos espirituales basada en sus propias experiencias y quizás también inspirada en la oración de San Pablo: «Oro para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, pueda darte los poderes espirituales de sabiduría y visión por medio de los cuales viene el conocimiento de Él. Rezo para que se iluminen tus ojos interiores, para que sepas cuál es la esperanza a la que te llama, cuál es la riqueza y la gloria que te ofrece ... y cuán inmensos los recursos de su poder que se abren a quienes confiamos en él ». (Efesios 17-19) .

El obispo Kallistos Ware cita en su Capítulo sobre Orígenes en Viaje al corazón estas palabras: «Además de nuestros sentidos corporales, existen en los seres humanos otros cinco sentidos». Explica que «Orígenes habla de una sensualidad que no tiene ninguna relación con los sentidos físicos. Se trata de una facultad sensorial superior, una percepción sensorial divina. El alma tiene sus propios ojos, sus oídos y su sentido del gusto, del olfato y del tacto. Y estos sentidos espirituales deben desarrollarse en nuestra vida interior».

Dado que citamos a menudo a Orígenes por su gran influencia e importancia para los Padres y Madres Origenistas del Desierto, conozcamos algo más sobre él.

Orígenes nació en Alejandría, en 186 EC. Recibió una extensa educación en sabiduría griega, judía y cristiana. Con tan solo 17 años, el obispo Demetrio de Alejandría lo nombró director de la primera escuela de catequesis del cristianismo como sucesor de Clemente. Fue un maestro extremadamente talentoso, y fue el primero en presentar en su obra Sobre los principios una sistemática y profunda teoría cristiana del Cosmos en respuesta a la teología y cosmología gnósticas. Para ello, se basó completamente en una lectura alegórica y mística de las Escrituras. Probablemente esa obra fue escrita para responder las preguntas que planteaban los estudiantes reflexivos y educados de la Escuela Catequética, que estaban tratando de comprender la enseñanza cristiana en el contexto de la filosofía platónica, estoica y gnóstica. Es posible que estudiara, como lo hizo Plotino, con Amonio Saccas, el maestro de filosofía griega más famoso de aquella época.

Al igual que hicieron anteriormente Filón y Clemente de Alejandría, Orígenes supo ver las similitudes que existían entre la sabiduría de los griegos y la contenida en las Escrituras hebreas y cristianas. Al final, tras enemistarse con el obispo de Alejandría, estableció su propia Academia, de gran prestigio, en Cesárea. Muchos de los grandes obispos del siglo III fueron alumnos suyos. Bajo la persecución Deciana de los cristianos a mediados del siglo III, se negó a retractarse a pesar de haber sido torturado durante un año. Una vez terminada la persecución, Orígenes murió a causa de sus graves heridas en el año 251 d.C. Sin embargo, su enseñanza siguió viva.

Uno de sus puntos de vista centrales -los sentidos espirituales internos- sigue siendo una enseñanza relevante hoy en día para aquellos que se encuentran en el camino espiritual. Orígenes habla de una forma de percibir muy diferente a la física. Seguimos sintiendo pero lo hacemos sin utilizar los órganos de los sentidos ordinarios y sin tener relación con el entorno en el que nos encontramos. De este modo, vemos con los ojos cerrados y escuchamos en el silencio. Además, cuando nos volvemos más íntimamente conscientes de lo Divino interior encontramos una sensación diferente de degustar, de oler y de tocar. Como dijo Jesús en el Evangelio de Tomás: «Os daré lo que ningún ojo ha visto, lo que ningún oído ha oído, lo que ninguna mano ha tocado, lo que no ha surgido en el corazón humano».

El Maestro Eckhart, igual que Orígenes y San Agustín, habla de este conocimiento intuitivo como «el ojo del corazón» y subraya que es el camino «por el que Dios puede ser visto». Habla de «conocimiento puramente espiritual; allí el alma es arrebatada de todas las cosas corporales. Allí escuchamos sin sonidos y vemos sin materia …» Esta capacidad intuitiva de conocer a Dios y de poder contactar con la Realidad Divina es nuestra esencia Divina y, al mismo tiempo, es también el elemento que nos hace verdaderamente humanos. Nos da la capacidad de ver más allá del mundo creado ordinario y también nos permite apreciar la creación como una manifestación de lo Divino.

El ingrediente esencial para abrir «nuestro ojo del corazón» y saber «cuán inmensos son los recursos de su poder para quienes confiamos en él» es la «fe». En su libro El corazón de la Creación, John Main resalta la importancia de la confianza en la cita de San Pablo con estas palabras: «Para que nuestras vidas sean completamente humanas, necesitamos encontrar el Espíritu de amor dentro de nosotros mismos... La meditación es la manera de mostrar nuestra confianza. Nos sentamos, nos quedamos quietos, decimos nuestro mantra con creciente fidelidad y confiamos totalmente en Dios ... y, así, aprendemos a vivir desde la confianza, a vivir desde el amor que la fe revela y libera».