La enseñanza del Maestro Eckhart y la de La Nube del No Saber tienen muchos puntos en común. Ambas ponen el énfasis en el misterio de Dios, la necesidad de aceptar con toda humildad nuestra ignorancia y permanecer fielmente en la oscuridad: «Entrégate a esta oscuridad e ignorancia». Aquí podemos ver cuánto les influyó a ambos el teólogo y místico bizantino Pseudo Dionisio, quien habló de Dios como «oculto en la oscuridad, más allá de la luz».
Esta «oscuridad e ignorancia» es, sin embargo, un lugar incómodo y aparentemente sin sentido en el que estar. Aquí, el mensaje de los místicos es que Dios está muy presente pero en un nivel más profundo de conciencia, un nivel más allá de nuestro «ego», mas allá de este nivel racional de conciencia.
Sólo tenemos que perseverar en la oración y esperar con confianza. Thomas Merton lo expresó muy bien:
«Tu brillo es mi oscuridad.
No sé nada de ti y, por mí mismo,
no puedo ni imaginarme cómo seguir conociéndote.
Si te imagino a ti, me equivoco,
si te entiendo, me engaño.
Si soy consciente y estoy seguro de que te conozco, estoy loco.
Tu oscuridad es suficiente».
No podemos conocer a Dios racionalmente, como explica el Maestro Eckhart: «No debemos dar cuartel a las invenciones de la propia mente, ideas, nociones espontáneas o imágenes de las cosas de fuera o lo que nos venga a la cabeza». Cualquier entendimiento tiene que venir del silencio interior: «Todo lo que se pueda expresar con palabras debe venir del interior … no debe venir del exterior. Realmente, vive en lo más profundo del alma».
El Maestro Eckhart resalta constantemente la importancia de la oración silenciosa para tomar conciencia y estar abierto a la presencia oculta de Dios. Para el Maestro Eckhart, la contemplación es el camino esencial para un matrimonio entre la mente y el corazón. Acepta la importancia de nuestra inteligencia racional pero siente que Dios no puede ser alcanzado por la razón. Aun así, considera que nuestros poderes racionales son esenciales para aclarar nuestras experiencias intuitivas reveladoras.
Cualquier sentido que podamos tener de la Presencia de la Realidad Divina es siempre una revelación dada por la gracia. De hecho, el primer paso en el camino espiritual – según el Maestro Eckhart, como lo fue para Evagrio y los Padres del Desierto – es de hecho una revelación, una visión repentina, una «metanoia», una forma diferente de ver la realidad que trae consigo una conciencia presente de otra realidad que envuelve la nuestra. Esta percepción de una conciencia más profunda la llamó «Nacimiento de Cristo en el alma» y subrayó que «debe ser tomada en el sentido de la revelación».
Esta nueva forma de ver con claridad nos permite relativizar nuestro comportamiento y nuestra percepción habitual, habiéndonos quitado los velos que habitualmente ocultan esta Realidad superior. La sensación de que estamos separados del mundo y de lo Divino se ve entonces como una total ilusión. El Maestro Eckhart lo expresa en su habitual forma sucinta: «Dios está en casa; eres tú quien ha salido a pasear.»
El Maestro Eckhart tenía una profunda comprensión del funcionamiento del corazón humano y, por lo tanto, era capaz de ofrecer una clara orientación. La ayuda mas preciosa es la habilidad de separarnos emocional y psicológicamente de la realidad que creamos con nuestros pensamientos y sentimientos. El desapego, combinado con la contemplación, nos llevará al autoconocimiento y, por lo tanto, al conocimiento de Dios: «La realidad que llamamos Dios tiene que ser descubierta primero en el corazón humano; no puedo llegar a conocer a Dios, a menos que me conozca a mí mismo». Esta revelación puede ocurrir en cualquier lugar, no necesariamente en la Iglesia, tal vez en la naturaleza o incluso en una esquina de la calle.
Este regalo ocurre sin ser solicitado – nuestros deseos, incluso nuestros deseos espirituales, que tambien vienen de nuestro ego, nos ciegan a la realidad: «La gente dice: “Oh Señor, cuánto deseo estar con Dios, que tenga tanta devoción y paz en Dios como los demás, ¡deseo que así sea conmigo!”… o si no, “Las cosas nunca me irán bien hasta que esté en este lugar o en aquel o hasta que actúe de una manera u otra. Debo ir a vivir a una tierra extraña o a una ermita o a un claustro. De hecho, esto es todo sobre ti mismo y nada más”… Por lo tanto, empieza por ti mismo, y abandónate».
Terminamos esta enseñanza de hoy con esta hermosa guía del Maestro Eckhart que lo expresa todo: «Todo aquel que quiera ser sensible a la Verdad Más Alta… debe ser… consciente de que no hay “antes” ni “después”, debe estar libre de sus logros, no influenciado por ninguna idea que haya entendido, debe hacerse inocente y libre… y saber que sólo hay un Ahora. ¡Mira!».